viernes, 7 de agosto de 2015

NO TEMAS

NO TEMAS

Llueve y la noche se adentra en lo profundo de sus tinieblas, el viento se queja como si de una alma en pena se tratase, la energía eléctrica no ha regresado en varias horas y extraños ruidos se manifiestan en las sombras de la habitación, algunas sombras traspasan las cortinas al mismo tiempo que son iluminadas por los autos que cruzan por la avenida de vez en vez, y yo de pie sobre el torbellino de pensamientos que inyectan el más helado de los escalofríos recorriendo mi interior, de pie escondiendo mi flaqueza con una vela vieja en la puerta de la habitación.

Tengo miedo no lo niego, mas no lo demuestro, lucho contra mi propio instinto, buscando en mi cabeza las respuestas más lógicas para mis temidas versiones del mundo que habita entre las sombras, -¡no tengas miedo yo estoy aquí!- lo digo en voz alta para convencerme a mí tanto como todos aquellos que logren escucharme, ya sea para alzar las murallas de la seguridad o con la esperanza de ahuyentar  cualquier  tipo de entidad malévola que se esconda en alguna parte.

La lluvia arrecia su llanto contra las ventanas en un par de segundos, y el cielo ruje como una bestia enfurecida, los relámpagos caen sobre la tierra iluminando por un segundo la negrura, como si por un momento los mismos dioses parpadearan sobre nosotros observándonos por un segundo y ni las más oscuras sombras de nuestro escondite lograran ocultarnos,  una mirada como un relámpago y estamos desnudos frente a sus ojos.

Avanzo entre las sombras, con el pecho inflado de falso valor, con los pies de plomo escondiendo el temblor que los escalofríos provocan, con una pequeña luz en mis manos, criatura insignificante de luz contra un mar de oscuridad, no me detengo, no lo haría sin importar que, ni el temor a ser jalado por alguna mano espectral proveniente del mismo infierno lograría detenerme, tengo miedo sí, pero nadie debe saberlo, no me gusta la oscuridad, solo he logrado fingir que me agrada, solo he actuado a ser valiente y que en ella no se esconde nada, pero yo sé que algo se esconde en ella y puedo verlo, observo sus cuerpos manifestándose a la primera oportunidad, sé que a veces también me observan, parados en la puertas, en los rincones escapando del más mínimo rayo de luz,  me observan mientras duermo, mientras me doy vuelta para ignorarlas y procuro no abrir los ojos y dejar que mis pensamientos me alejen de sus garras.

Avanzo, entre la negrura, esquivando alguna pluma en la alfombra, un crayón o un cubo, incluso el cuerpo de alguna muñeca,  él cual aparto delicadamente con mis pantuflas, evito hacer más ruido del necesario no quiero alterar a los vivos ni las muertos, mucho menos a los etéreos, esos seres sin forma que solo esperan un momento de debilidad para hacerse presentes ilustrando las pesadillas que ocultas. Me adentro con aplomo, actuando fuerza y determinación, tengo miedo pero no permitiré que me lleve, ni me atrape, no soy un hombre sin temores, temo pero no deberán saberlo, llego a costado de la cama, con un  sudor helado  como el hielo en una margarita se desliza por mi frente y no es tan refrescante.

Por fin, coloco la vela en el buro rosa de las princesas de otros cuentos, y mi mano sobre la cálida frente de mi princesa de mi propio cuento, y le digo;

-No temas princesa de caramelo ya estoy aquí, no pasa nada-

Respiro profundo, inhalando todo el valor del que soy capaz de meter en mis pulmones, aprieto la mirada, cierro los puños, repito en mis habitaciones internas palabras fuertes que me den el valor para apuñalar lo que sea que se esconda debajo de la cama, tengo miedo sí, pero no tanto como para no enfrentar al mismo diablo si se atreve a hacerse presente, y ocultando mi flaqueza me pongo de rodillas, agacho la cabeza, y me asomo debajo de la cama, con seguridad y precaución de no ser tomado por sorpresa.

Aun cuando esta vez solo vi un par de pantuflas rosas, dos crayolas, una libreta, un poni y una casita de muñecas, no tentaría mi suerte nuevamente, pero por ahora puedo decirle a mi niña que nada se esconde debajo de su cama.

Me acuesto a su lado, abrazo su pequeño cuerpo entre mis manos, y le repito, te amo, no temas aquí estoy yo para cuidarte no pasa nada, todo está bien.

Ella duerme abrazando mi brazo, no lo sabe, pero la verdad es que yo también le tengo miedos, mucha clase de miedos, al monstruo debajo de la cama, al roba chicos, al roba grandes, al roba todos, a los malos, a los rayos, a fallarle, a faltarle, pero aun cuando no soy tan valiente como ella piensa, voy a enfrentarme a todos, porque he jurado a mi princesa siempre cuidarle y amarle.


Llueve pero ya no temo más. 

EL ZOMBI


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